You need to go to war to find material to sing.

 


El sonido de un shampoo cayendo me despertó de golpe, la regadera estaba encendida y pensé que José estaba tomando un baño, pero era Brenda. Yo también necesitaba uno, no recuerdo la ultima vez que estuve así de ceboso y los Froot Loops que traía pegados en el cuello tampoco ayudaban. Sentado en el colchón inflable todos los recuerdos del día anterior llegaron y no pude evitar sonreír a la nada. Mi teléfono estaba sin batería en el lavabo y había mas cereal por todos lados, en cuanto mi teléfono encendió vi que tenia varios mensajes y reacciones de Mat. No podía esperar para contarle todo. 

    Antier en la noche Beca y Brenda recibieron una llamada, la señora con la que habían contactado tenia otro evento, de broma les digo si no necesita a alguien extra. Beca le pregunta, "Chicle y pega" me rio con Brenda y que pegó, pegó. Al minuto de terminar la llamada recibo un mensaje de WhatsApp con la ubicación en Moonachie, New Jersey. Fue ahí cuando detuvimos los festejos del 15 de septiembre pues sabíamos que al otro día debíamos despertar temprano. Después de sentirme sordomudo en el trailer de Mat con sus roomies europeos, más la incertidumbre en el hostal, esas margaritas con mole y tener un plan para el día siguiente fueron la gloria.

    Al día siguiente nos levantamos antes de las 6, no puedo evitar recordar que las únicas veces que hacia eso en la infancia era para ir de vacaciones o a la Basílica de Guadalupe, incluso a Six Flags. El camino fue de hora y media, llegamos como pudimos porque, aunque aquí el trasporte público es mejor, es muy fácil perderse. 

    Nos las ingeniamos para llegar puntuales y para mi sorpresa fue una agencia que renta equipo para conciertos, eventos y a televisoras. Me emocionó un poco estar ya familiarizado con el equipo y con el nombre de las entradas y cables por mi carrera en comunicación. El trabajo era sencillo, desenredar cables y separarlos por tamaños, uno sabía el tamaño del cable porque todos tenían una cinta de color. Rojo y verde para los cortos. Amarillo y naranja para los largos. Morado y azul para los todavía más largos.

    Algunos de los cables eran gruesos y sorprendentemente pesados y para las 10 el trabajo era tedioso y yo me sentía muy cansado por habernos despertado tan temprano, fue cuando de nuevo corregí al señor que trabajaba en la misma estación. Era un venezolano como de 40 que estaba desorganizando todo lo que ya habíamos hecho. "Este es verde, Don" le digo. ÉL me mira directo a los ojos y como apenado me niega con la cabeza. Caigo en cuenta de que es daltónico y me doy cuenta rápido porque Mat también lo era y a veces peleábamos por los colores. 

    Con discreción le digo que él solo desenrede y saque cables, que yo organizo todo. Hacerlo así desarrolló una plática entre nosotros. Él se llamaba Victor y llegó al país hace mes y medio. Su travesía, como la de muchos otros fue dura. Tuvo que confiar en extraños y fue robado dos veces, pasó sed y hambre y al llegar le fue difícil encontrar un trabajo, hasta la fecha sigue buscando uno porque ese era solo por llamado. Victor no hablaba nada de inglés, supuse que eso más su daltonismo lo ponía en desventaja para encontrar un trabajo y me sentí mal por él. 

    "Don Victor y ese tatuaje" le digo señalando su cuello. "Es el nombre de mi chamita" me contesta. Su hija, Emily, se había quedado en Venezuela, me contó que le gustaría que ella viniera pero no soportaría que algo le pasara en el camino. Ella apenas era una niña. Pero quedarse tampoco era una opción. Me contó de la inseguridad en Venezuela, en como todos ahí están endeudados y prefieren pagar todo por transferencia. Con una moneda tan débil, la moral también se debilita y la situación política no ayuda. 


    La hora del lunch llega y nos dicen que la camioneta está afuera. Brenda paga por mi desayuno porque olvidé mi cartera y la señora no acepta Apple Pay. Me sirvo un poco de todas las opciones y guardo el tamal para la cena. El resto del turno me pusieron a vaciar beans que volvían para hacer los nuevos mandados con equipo nuevo. Terminamos a las 4 y de ahí caminamos a la parada del bus. Paramos en un Dunkin Donuts y me comí mi tamal de salsa roja con un Pumkin Spice Latte. Llegando nos esperaba una fiesta en el edificio de José y en el Rooftop no me pude sentir más tonto. Ver a la ciudad me hizo pensar en todas las vidas que estaban ahí y en todos sus problemas. 


    Me sentí mal de decir los míos en voz alta. No sé qué hacer con mi carrera, pero tengo una. Iré a Cancún porque sorprendentemente eso era más barato que ir directo a CDMX. Tengo que encontrar trabajo llegando a Puebla y probablemente será de oficina, entonces no sufriré. Me clonaron la tarjeta, pero ya me reembolsaron parte de los cargos no reconocidos. Mi tía aun tiene mi maleta grande y no sé cuando voy a verla para recogerla. Sigo extrañando a Mat, pero sostengo que el amor es solo un problema de primer mundo y llegando a Mexico ya no puedo estar así. He retrasado el título y me da miedo que ya no me lo den de la nada. Bebí por eso, me la pasé muy bien aunque de nuevo terminé llorando en el baño, pero a esta altura ya estoy acostumbrado. 





Son las 6 de la mañana y Brenda sale del baño. "Buenos días, ya para el jale?" le pregunto todavía con los Froot Loops en el cuello. Brenda, en toalla y con el cabello húmedo, me contesta que sí con una sonrisa, "Tú qué vas a hacer?" Le digo que hoy es el concierto y que estoy emocionado. Mientras ella se cambia yo me recuesto sin conciliar el sueño, tengo un montón de mensajes en el teléfono y mejor me pongo a buscar la ruta al Madison Square Garden. Cincuenta y tres minutos, dice. Cierro los ojos y pienso en que usualmente en mañanas de cruda como esta, yo despierto primero. Esta vez Brenda me ganó, me divierto con el pensamiento y antes de quedarme dormido oigo a Brenda cerrar la puerta e irse. 








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