Ida y vuelta, con amor y escalas.

 

He pensado en como escribir la historia de este viaje, claro que no iba a dejar mi blog tirado, pero a veces no encuentro el tiempo ni para editar las fotos que quiero subir. Para no exagerarlo hace 4 días vi al papa, así en carne y hueso, o ayer que estaba cenando en Angelina, una paterie muy famosa en frente de Les Tulleries.  Junto a mí una señora evidentemente operada con un saco al estilo Chanel portando una bolsa linda que se veía costosa. Al frente, en mi misma mesa, estaba Ricardo.

Un chavo simpático que juraba que era francés porque en la fila del lugar hablaba por teléfono con un francés bastante fluido. Hasta que por alguna razón la host le habló en español, lo fue a dejar a su mesa y después a mí a la mía. Ella se veía en una situación desesperada por economizar mesas y nosotros solos en un café de ese estilo. Ella nos propuso sentarnos juntos y ambos accedimos.

Él estaba en Francia porque estudiaba ahí arquitectura, la escuela es pública y él sólo tenía que lograr el nivel de francés y su vida ahí sería como la colegiatura de una privada en Ecuador de donde él es. En cambio yo estaba cumpliendo el sueño de visitar Europa, técnicamente hablamos lo mismo que hablé con mi amigo Carlos, el que me recibió. Acerca del estilo de vida parisino, las apps para conseguir comida más barata, lo complicado del idioma y como se extraña casa.

Gaby, la host, iba constantemente a vernos. Ella de Coyoacán, ya con el acento chilango perdido y yo de Puebla, con ganas de hacer amigos, claro que conectamos. Intercambiamos número y ella también nos comentó cosas muy puntuales acerca de su vida, como su trabajo ahí, como lo había conseguido y cuanto extrañaba la comida. Chistoso como tuve el mejor postre de mi vida y ella tenía acceso a eso todos los días, pero aun así la ausencia de casa es pesada. Me dio entender que sí venía cambiando el Creme Brulée por una guajolota de dulce.

A Ricardo lo habían plantado y le habían vuelto a llamar, lo que caché es que lo verían “Plus Tard”. Yo vi el reloj y me di cuenta de que tenía que irme ya para cachar el tren que lleva a casa de mi amigo cerca de la Torre Eiffel y es que el plan era perfecto. Podría sentarme ahí a pensar en todo lo que había tenido que pasar para que yo estuviera en ese jardín solo sentado viendo lo magnifica que es. Ricardo y yo procedimos a pagar y nos separarnos no sin antes intercambiar instagrams y despedir a Gaby.

Una vez que llegue a la estación del metro de Les Tulleries la ruta a la torre Eiffel se borró del teléfono, caché en el mapa como llegar y tomé no sé qué línea que me dejo en l’Ecole Militaire, de ahí caminé todo Champs de Mars con la torre ahí guiándome como la luna, pues esa era la única forma que recordaba para llegar a casa de mi amigo. Pase por ahí tomándole fotos a quien pudiera para que ellos me tomaran una de vuelta. Así conocí a Dani más temprano.

Ella estaba como yo, a su suerte enfrente del arco del triunfo y al principio hablamos inglés hasta que me dijo que era mexicana, caminamos juntos por los Champs Elysees. Me confesó que creyó que yo era filipino y me conto que su viaje también terminaba este fin. Intercambiamos un par de aventuras y vivencias. Nos separamos a la altura del Disney Store y también intercambiamos instagrams.

Llegue a casa de Carlos con media hora para hacer mi maleta, para eso el tiempo ya estaba apretado. Carlos ya no estaba ahí, él había ido a Estrasburgo. La instrucción era sencilla dejar la llave en el buzón y él lo abriría el lunes que llegara. Con fuerza sobrehumana corrí con las dos maletas y mi mochila a la estación de Ermont - Eaubonne y al trasbordar había dos señaléticas para la línea 14. Ambas correctas pero por alguna razón perversa una más larga que la otra, la mala decisión me hizo perder mi autobús a Barcelona por 13 minutos y técnicamente dormir en la calle.

 

Era una pésima idea dormir en la estación porque no era de esas techadas, aunque había gente durmiendo ahí yo ni de loco aguantaba el frío. Aparte de que el wifi ahí no me dejaba comprar ningún boleto, porque iba y venía a cada rato. Entonces salí y afuera cuatro hombres me empezaron a seguir, me gritaban cosas que no entendía y estaba seguro de que no era francés, se acercaron más y yo me asusté tanto que tiré una maleta, creí que iban a correr hacia ella pero solo se rieron y siguieron gritándome cosas. La tomé y dejaron de gritarme hasta que llegué al primer café. Ahí cogí wifi y como de instinto le hable a mi hermana porque me sentía muy solo, no sé que esperaba que hiciera por mi, pero hizo lo único que le pedí que no hiciera: contarle a mis papás.

 

Después le hable a Kevin y solo se puso triste porque nos veríamos menos tiempo, le colgué porque yo era el que no tenía lugar para dormir y no tenía cabeza para pensar en algo más. Puse la ruta de regreso y me aventuraría en bus porque ya no había trenes disponibles. Terminé llegando ahí a las 3 de la mañana. Intente sacar las llaves del buzón con palitos  pero nada funcionó entonces me quede en lobby. Para esto ya tenía como 20 llamadas perdidas de mis papás y 5 de Kevin.

Me ocupe en conseguir mis boletos y les mande mensaje a mis papás para decirles que estaba bien, pero no quería que ellos me vieran en esas condiciones. Kevin me llamó y por un momento ni hablamos solo nos veíamos a través de la videollamada. Ahí fue cuando Eddine un vecino de Carlos llegó.

Se extraño de verme ahí, seguro llegaba de una fiesta. Me indico que llamara a un número para lo de las llaves, dijo que si necesitaba algo solo tocara su timbre y que contara con cualquier cosa, todo fue en inglés porque no quería dar más lastima con mi francés roto. Al llamar el número no funcionó y la videollamada con Kevin siguió. A los 10 Eddine regresó, traía un plato con una manzana, dos ciruelas, café y té. Aunque yo no tenía hambre le agradecí infinitamente el gesto, no era el frío ni siquiera lo que me tenía preocupado, sino el verme en una situación vulnerable.

Cuando Eddine intentó entrar de vuelta se dio cuenta que él también había olvidado la llave, se enfureció un poco y yo me sentí culpable, sin embargo gestionó bien sus emociones. Me contó que era de Croacia y que venía de trabajar. Cuando se acomodó bien notó que tenía las llaves en su bolsillo trasero, entonces pudo irse a descansar. Para eso ya habíamos pasado como 40 minutos hablando y ambos muy cansados. Me invitó a pasar si gustaba pero no tenia caso dentro de media hora tenía que agarrar el tren y repetir el mismo camino de la noche pasada, pero sin errores y con más calma. Él lo entendió y se fue, yo le escribí una carta para agradecerle de nuevo y hacerle saber que enserio el tenia una casa en México. 

He estado pensando en Eddine quien me contó que emigro y ahora tomaba un turno nocturno, me preguntaba camino a la estación si su amabilidad se debía a una amabilidad genuina o a que el mismo se había visto en una situación similar o peor lejos de casa, me pregunto si alguien había hecho lo mismo con el o si simplemente se habían seguido derecho. El sentimiento me invadió porque enserio él se pasó de buena persona conmigo.

Al subir al autobús Gaby, la host, me envió mensaje preguntándome como había estado el bus a Barcelona, solo me dio risa, si supiera. Y es que también hay tanto que no sé y que no sabré de ella. Kevin vendrá por mi a la estación y de nuevo todo estará arreglado, Sin embargo aunque fue una de las peores noches de mi vida, siento que siempre estuve bien y es que enserio no me falto ni compañía.

Empecé a escribir esto con tiempo de sobra en el bus, porque de Paris a Barcelona son 15 horas, sin embargo, me dormí y no lo terminé. Ahí estaría él, en la estación de bus sentado porque el bus se retrasó 10 minutos, ahí estaría yo invadido de ternura por verlo ahí sentado hasta que descubriera su aliento a alcohol. Estaríamos los dos caminando hacia su casa con las maletas y me hablaría tan lindo que olvidaría el aliento a alcohol, estuvo antes con sus amigos y ahora está puntual conmigo no hay problema.

 Dormiríamos juntos ese día y el siguiente, me llevaría a pasear a su perro al puerto como una pareja ejemplar. No habría miradas curiosas porque en Barcelona dos novios paseando a un perro es de lo más normal. Me iría a dejar al aeropuerto con un último beso y le echaría un último vistazo, él pondría esa cara triste que de alguna forma le quita como 20 años. Por minutos me vería en esa adrenalina de correr en el aeropuerto Charles de Gaulle para no perder el vuelo de regreso a casa. Ya en el vuelo, el video de seguridad de Air France me partiría lágrimas.  Llegaría a Puebla para ver a mi mamá llorando, la calle con la banqueta recién pintada como si el ayuntamiento supiera que yo llegaba y mi casa más bonita e inexplicablemente más chica. Al día siguiente despertaría con la sensación de estar en todos lados menos en casa hasta abrir los ojos y ver mi ventana.














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