LA VACA
Desde que rescaté mi cuenta en blogger.com me pregunté qué rumbo tomaría esto. No sé si quiero que sea un blog para hablar de lo que vivo, por que ni siquiera sé si a alguien le interesa leer eso, o un blog de cocina o de diseño, pero he tenido un par de revelaciones de lo que debería escribir esta semana. Hace tiempo me contaron un cuento de una familia muy pobre que es visitada por un monje y su aprendiz. La familia solo tiene una vaca para sostenerse y apenas da para vivir, no da suficiente leche para tomar o queso para vender. Aún así la familia recibió al monje y a al aprendiz de la mejor manera que pudieron negándose ellos el alimento para dárselo a sus invitados.
Caída la noche el monje le dijo a su aprendiz que matara a la vaca y la tirara en un acantilado, el joven se negó, pues qué haría esa familia sin esa vaca, que era su única posesión. El monje lo miró severamente, le dijo que confiara, porque aunque no pareciera que fuera lo correcto con una familia que había sido buena con ellos, era lo que se debía hacer. Entonces el joven mató a la vaca y la tiró por el acantilado, de regreso pensó en que si no la hubiera tirado mínimo la familia hubiera podido ocupar su carne para no pasar por hambre. Cuando regreso el monje tenía todo listo para partir y partieron en silencio, antes del alba, como dos ladrones que han cumplido su misión.
Años después cuando el aprendiz casi estaba listo para ser monje regresaron. Donde había una cabaña que apenas tenía techo, se levantaba una casa enorme, bonita e iluminada. La familia sin vaca y con hambre hizo de todo para sembrar y alimentarse, poco a poco y después de meses de prueba y error, la cosecha dio frutos. Y teniendo lo suficiente para alimentarse empezaron a venderlos, ya que los frutos no paraban de crecer. La familia sabía que ellos habían matado a la vaca, y aunque les guardaron rencor por mucho tiempo, se dieron cuenta que lo mejor que les pudo haber pasado fue perder esa vaca.
Me pongo a pensar en este dicho que nos dice que más vale malo conocido que nuevo por conocer. ¿Quién diablos dijo eso y por qué seguimos diciéndolo?. Estas creencias vienen de un término llamado costo hundido, una distorsión mental que nos hace creer que debemos conservar algo porque nos costó o le debemos algo. Esta trampa nos hace pensar que haber invertido demasiado en un proyecto (ya sea una relación, un negocio o una carrera) es suficiente motivo para no dejarlo. Caer en esta trampa nos hace tomar decisiones que no son racionales y así dejar pasar cientos de oportunidades. Parte de la falacia también es que nos hace pensar que si somos perseverantes la situación podría mejorar o incluso el miedo al cambio es lo que nos mantiene en una situación con mucho pasado y poco futuro.
Suelen existir razones por las que nos aferramos a las cosas que no funcionan, muchos sentimentalismos, sueños o quizá el posible daño a terceros. A veces nos dejamos llevar por espejismos y creemos que si somos optimistas nuestro proyecto no fracasará aunque evidentemente ya haya fracasado, creemos que la persona con la que estamos cambiará o que nosotros la cambiaremos y así se empiezan a ir días y los días se convierten en meses que eventualmente terminan siendo años. Al final el optimismo con el que sostuvimos ese proyecto fracasado, termina siendo necedad.
Ya sea el no soportar perder por orgullo, el interminable echarle ganas, los pensamientos y las quimeras vinculadas a ese proyecto, el miedo al cambio o la mala concepción de la palabra rendirse, hay algo que nos está haciendo perdernos cosas increíbles y pensamos que estamos haciendo lo correcto al permanecer. Fue un boom para mí pensar que como hay valentía en quedarse, hay valentía en rendirse y puede que ambos caminos nos traigan reproches futuros. Sin embargo en un camino nos pondremos a prueba y encontraremos nuevas cosas.
Siempre es necesario conocer a nuestra vaca y conocer qué nos aferra a ella, sin embargo difícilmente a nuestra vida llegue un monje que nos la arranque violentamente. Debemos de dejar de conservar cosas por su pasado, conservemos cosas por el futuro que vemos en ellas.. De alguna manera la vida es muy corta como para andar jugándole al "sí se puede", quizá no se pudo pero de otra manera se podrá o incluso mejor otra cosa se podrá. Obviamente no debemos ir por ahí desechando proyectos a la primera falla, esto aplica para cosas que de plano no nos dejan avanzar. Lo mejor es sincerarnos y darnos cuenta qué tan felices y plenos nos hace esa vaca. Al final somos nosotros y nuestro bienestar lo que importa.

Comentarios
Publicar un comentario